viernes, 9 de septiembre de 2016

Masa muscular y diabetes - Jorge Roig (septiembre 2016) -

Masa muscular y diabetes.
El objetivo no está en la glucemia, está en los receptores, pero se sigue con lo aeróbico. Y gana la sarcodinapenia…. y perdemos todos.
Jorge Roig (septiembre 2016)
La importancia de la masa muscular y la necesidad de su mantenimiento a lo largo de los años es ya un conocimiento bastante expandido. Y lo es por la trascendencia de su vínculo con la salud y la calidad de vida.
Respecto a esto último, algunas cuestiones que tienen que ver con la diabetes tipo 2 (DBT2) merecen ser tenidas muy en cuenta porque esta patología es abordada también por el ejercicio. Y el reclamo es porque la enfermedad continúa avanzando en forma casi exponencial y todo parece indicar que en mucho no está ayudando el movimiento, el que generalmente toma la denominación poco afortunada de “actividad física” a la hora de indicársele a la gente, portadora o no de patologías.
Para comenzar digamos que la DBT2 es una enfermedad crónica que se muestra normalmente dominante en las edades avanzadas de la vida, aunque claro está, producto de una evolución a lo largo de los años precedentes.
El envejecimiento se asocia tanto a la disminución de la masa muscular como de la fuerza. Si se analiza el porcentaje de pérdida de tejido muscular en las edades avanzadas de la vida, la misma puede llegar hasta el 40% luego de los 60 años de edad (Kim KM, et al. Sarcopenia Study Group of Korean Geriatrics Society. Sarcopenia in Korea: prevalence and clinical aspects. J Korean Geriatr Soc. 2015). Semejante reducción tiene varios puntos de análisis, porque el tejido muscular es mucho más que un órgano contráctil, representando entre otras cosas, el mayor reservorio aminoacídico del organismo, el de glucógeno y el de receptores insulínicos.
Varios investigadores han documentado que el proceso de envejecimiento va asociado a la disminución de la masa muscular, especialmente en piernas, a lo que se le agrega un incremento en la cantidad de grasa visceral y de los triglicéridos intramusculares (Hughes VA, et al. Longitudinal changes in body composition in older men and women: role of body weight change and physical activity. Am J Clin Nutr.2002). Justamente en este punto se destaca la relevancia de la sarcopenia, dado que ella está ligada a incapacidad funcional, insuficiencia metabólica, aumento del riesgo cardiovascular y mortalidad en los adultos de edad avanzada (Kim KM, et al. Cardiometabolic implication of sarcopenia: the Korea National Health and Nutrition Examination Study (KNHANES) 2008-2010. IJC Metab Endocr. 2014).
Entre las alteraciones que presenta la DBT y que favorecen la sarcopenia, está la producción elevada de citoquinas inflamatorias, la resistencia a la insulina (RI), los factores hormonales alterados y la obesidad. Justamente en estas cuestiones debe repararse que ya la condición de RI tiene un impacto directo, antagónico y deletéreo sobre la síntesis (negativo) y el catabolismo proteico miofibrilar (positivo).
Si algo merece una especial atención en lo que a la masa muscular se refiere y en virtud a lo anteriormente expuesto, es que la DBT muestra, al igual que el envejecimiento, una reducción del tamaño y número de un tipo especial de fibras musculares, las llamadas rápidas o FT, y dentro de estas las FT2 o glucolíticas, pero también de las motoneuronas rápidas asociadas a ellas.
A este conglomerado de dificultades a nivel muscular se le agrega que las personas diabéticas presentan una menor cantidad de testosterona circulante, la que, como se sabe, tiene efectos anabólico proteicos. Así, varios son los fenómenos que propenden finalmente al deterioro de la masa muscular, sea por no poderse incrementarla como tampoco por no conseguir evitar su pérdida.
Como si a toda esta problemática le faltara algo más, el denominado factor de crecimiento similar a la insulina tipo 1 (IGF-1) también está seriamente afectado en la vejez y en la DBT. Él es un facilitador de la síntesis proteica por excelencia en el músculo esquelético. Analicemos al respecto.
El IGF-1 se une a receptores en la superficie celular del músculo esquelético y activa un complejo conjunto de vías de señalización celular que son anabólicas, anticatabólicas, y antiapoptóticas. Esta disminución del mencionado factor que está relacionada con la edad pero también con la DBT, se deriva tanto de la disminución de la hormona del crecimiento, que resulta en descenso de la producción hepática de IGF-1, así como una reducción en la capacidad de las células del músculo esquelético para producir IGF-1 a nivel local.
Finalizando, digamos que mientras que la actividad física tiene una visión cardiocéntrica por parte de la Sociedad Americana de Diabetes, la que recomienda 150min/semana de la misma y dos veces entrenamiento de fuerza, la mayoría de los adultos con DBT2 no cumple con el nivel mínimo recomendado de la primera y mucho menos de la segunda, tal como lo demuestra Plotnikoff, (Plotnicoff RC, Physical Activity in the Management of Diabetes: Population-based Perspectives and Strategies. Canandian Journal of diabetes, 2004). En este punto, recientemente Lee y colegas han concretado un estudio con más de 3000 personas de ambos sexos, dando evidencia que la DBT tiene un vínculo directo con la pérdida de masa muscular, especialmente de las extremidades (Lee J, et al.The effect of diabetes mellitus on age-associated lean mass loss in 3153 older adults. Diabet Med. 2010). Y sobre esta pérdida, debemos reparar, la actividad aeróbica no puede hacer más que agravarla.
Aquí entonces es donde resulta interesante observar lo demostrado por diferentes investigaciones respecto de lo que el entrenamiento de la fuerza es capaz de hacer en la que los portadores de DBT sobre su tejido muscular:
1. Incremento de la densidad de los GLUT4 (Holten K, et al, Strength training increases insulin-mediated glucose uptake, GLUT4 content, and insulin signaling in skeletal muscle in patients with type 2 diabetes, Diabetes, 2004).
2. Aumento en el número de transportadores GLUT4, que se relaciona con el volumen de fibra en las fibras de músculo esquelético humano (Gaster M, et al, GLUT4 expression at the plasma membrane is related to fibre volume in human skeletal muscle fibres, Acta Pathologica, Microbiologica, et Immunologica Scandinavica, 2002).
3. Mejora la sensibilidad a la insulina (K. D. Flack, K. P. Davy, M. W. Hulver, R. A. Winett, M. I. Frisard, and B. M. Davy, “Aging, resistance training, and diabetes prevention,” Journal of Aging Research, vol. 2011).
4. Aumenta la sensibilidad a la insulina incluso hasta 24hs posteriores al ejercicio de fuerza en sujetos con alteración de la glucosa en ayunas (Black L, Pet al, Effects of intensity and volume on insulin sensitivity during acute bouts of resistance training, Journal of Strength and Conditioning Research, 2010).
5. En niños y adolescentes obesos, se observó una reducción significativa de la grasa total y visceral así como de los lípidos intrahepáticos e intramusculares con un incremento en mayor sensibilidad a la insulina (S. Lee, F. Bacha, T. Hannon, J. L. Kuk, C. Boesch, and S. Arslanian, “Effects of aerobic versus resistance exercise without caloric restriction on abdominal fat, intrahepatic lipid, and insulin sensitivity in obese adolescent boys: a randomized, controlled trial,” Diabetes, vol. 61, pp. 2787–2795, 2012)
6. Reducción de grasa abdominal en personas con diabetes tipo 2, incluso sin significativa pérdida de peso (Kwon H. et al. The effects of resistance training on muscle and body fat mass and muscle strength in type 2 diabetic women, Korean Diabetes Journal, 2010)
7. Mejora del control glucémico y de la sensibilidad a la insulina, incluso más que el entrenamiento aeróbico (Bacchi E, et al. Metabolic effects of aerobic training and resistance training in type 2 diabetic subjects. A randomized controlled trial (the READ2 study), Diabetes Care, 2012).
8. La fuerza muscular se asocia inversa e independientemente con la muerte por todas las causas y con el cáncer en los hombres. Estos resultados son válidos para los individuos de peso normal, los que tienen sobrepeso, y los hombres más jóvenes o mayores, y son válidos incluso después de ajustar por varios factores de confusión potenciales, incluyendo la capacidad cardiorrespiratoria (Ruiz JR et al. Association between muscular strength and mortality in men: prospective cohort study. BMJ 2008).
Para reflexionar…

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