El músculo en la obesidad y en la diabetes
Te sigo demostrando el error en la propuesta aeróbica?
Jorge Roig (septiembre 2016)
Es suficientemente conocido en el ámbito de las ciencias del ejercicio que un músculo debidamente atendido por entrenamiento aporta salud metabólica. En este contexto, es de considerarse entonces que todo lo que implique ausencia de ejercitación física bien puede conducir a un deterioro funcional que acabe en enfermedades.
Dado que el envejecimiento muestra normalmente un incremento del tejido adiposo en el cuerpo y además una pérdida de masa muscular, la atención temprana del músculo podría ser un camino preventivo de manera que la vejez encuentre a la persona con cierta protección fisiológica frente al obligada decadencia orgánica. Para considerar es que este deterioro no pocas veces acaba en resistencia a la insulina o, aun peor, en diabetes (DBT).
Una de las cuestiones que se ponen en análisis es si efectivamente las estrategias basadas en la alimentación, en la actividad física o en ambas, realmente son efectivas, porque a la luz de las evidencias actuales hay un incremento tanto de la obesidad como de la sarcopenia, y peor aun, de la llamada obesidad sarcopénica.
Resulta necesario comprender que para que se reduzca grasa corporal el ejercicio debe cumplir con niveles de exigencia que garanticen modificaciones en la intimidad muscular. En este punto, es la “demostración” al músculo de la necesidad de un sistema metabólico oxidativo más eficaz quien dispara dichos cambios, el que involucra tanto a organelas como a proteínas, justamente lo que está seriamente afectado en estas poblaciones. Esto es, si se necesita incrementar el tamaño y el número de mitocondrias así como las enzimas involucradas en el metabolismo aeróbico, un reclamo energético sensiblemente aumentado será el disparador de los mecanismos que accionen sobre la biogénesis mitocondrial. En este punto y tan solo como un ejemplo, la caminata no manifiesta dicha necesidad debido a la pobre exigencia que ella acaba por representar. Porque para que las mitocondrias crezcan y se multipliquen deben accionar en forma conjunta tanto un nivel de intensidad en el esfuerzo como una duración suficiente. Y aquí se ve como improbable que ambas variables puedan ser aplicadas en un entrenamiento de quien es sedentario y/o padece obesidad. Es por ello que proponer formas aeróbicas de esfuerzos en la procura de ciertos cambios musculares, solo se muestra como adecuado cuando son aplicados en quienes están aptos para recibir ese modelo de ejercitación. No es el caso de los obesos ni de los diabéticos, como veremos seguidamente.
Para poder comprender los límites que existen en los portadores de estas problemáticas, cabe en primera instancia la necesidad de distinguir entre a) ser una “persona activa” o b) tener suficiente “condición física” que favorezca una adecuada salud metabólica. Y aquí son los tipos de entrenamiento quienes diferencian los niveles de exigencia y con ello las potenciales adaptaciones.
No caben dudas que a la hora de indicar “más movimiento” a las personas que padecen diabetes tipo 2 (DBT2), los médicos prescriben actividad física aeróbica. Al respecto mucho ya me he explayado sobre lo incorrecto de ello. Un aporte interesante que Huebschmann hace sobre esto es dando evidencia de que ese tipo de ejercitaciones son percibidas como muy exigentes por los sujetos que padecen dicha patología, y lo son respecto de lo que lo consideran los individuos no diabéticos. Es de destacarse que esta percepción se observa incluso luego de ajustar la intensidad relativa del esfuerzo entre los sujetos evaluados (Huebschmann AG, et al. Women with type 2 diabetes perceive harder effort during exercise than nondiabetic women. Appl Physiol Nutr Metab. 2009). Para considerar es que esto conduce al abandono o al menos a una adherencia débil al ejercicio. Relativamente a esto y buscando las razones fisiológicas de esta percepción subjetiva de gran exigencia, varios estudios han documentado que las personas con DBT2 tienen una menor perfusión de sangre al músculo (Bauer TA, Reusch JE, Levi M, Regensteiner JG. Skeletal muscle deoxygenation after the onset of moderate exercise suggests slowed microvascular blood flow kinetics in type 2 diabetes. Diabetes Care. 2007) así como una desaceleración en el metabolismo oxidativo (Geary K, et al. Targeting mitochondria to restore failed adaptation to exercise in diabetes. Biochem Soc Trans. 2014). Y todo parece indicar, tal y como lo refiere Nadeau, que la problemática le alcanza también a los adolescentes diabéticos, quienes muestran un empeoramiento de sus respuestas al ejercicio aeróbico (Nadeau KJ, et al. Insulin resistance in adolescents with type 2 diabetes is associated with impaired exercise capacity. J Clin Endocrinol Metab. 2009).
Casi como una frutilla del postre para poner más en cuestión estas formas de ejercitación como propuesta principal a las personas que padecen DBT2, Ghanassia y colegas han aportado un dato de enorme relevancia. Ellos demostraron que estas personas presentan una disminución en la oxidación de lípidos, dando mayor preferencia a la utilización de carbohidratos (CHO) durante el ejercicio aeróbico, lo que se constituye en un uso ineficiente de sustratos. (Ghanassia E, et al. Substrate oxidation during exercise: type 2 diabetes is associated with a decrease in lipid oxidation and an earlier shift towards carbohydrate utilization. Diabetes Metab. 2006). Como sabemos la utilización privilegiada de glucógeno muscular en los desentrenados es pronosticador de fatiga temprana y por ello de una capacidad limitada de ejercicio en la unidad de tiempo, una de las variables imprescindibles de poder controlarse para lograr cambios en el metabolismo oxidativo en la intimidad fibrilar. Esto es problemático, porque lo que se espera es un incremento en la oxidación de grasas para disminuirlas, especialmente las intramusculares que son las que generan la llamada lipotoxicidad y tienen una responsabilidad casi lineal con la diabetes.
En virtud a lo anterior, da la sensación que insistir en lo aeróbico se parece más a una obstinación profesional que a un accionar científico, como se podría esperar de un profesional de la salud. Porque proponer como ejercitación aquello que en estas personas ha mostrado respuestas no esperadas ni deseadas, si no es terquedad es ignorancia y en el ambiente médico esto tiene nombre y apellido: mala praxis.
Dado que el envejecimiento muestra normalmente un incremento del tejido adiposo en el cuerpo y además una pérdida de masa muscular, la atención temprana del músculo podría ser un camino preventivo de manera que la vejez encuentre a la persona con cierta protección fisiológica frente al obligada decadencia orgánica. Para considerar es que este deterioro no pocas veces acaba en resistencia a la insulina o, aun peor, en diabetes (DBT).
Una de las cuestiones que se ponen en análisis es si efectivamente las estrategias basadas en la alimentación, en la actividad física o en ambas, realmente son efectivas, porque a la luz de las evidencias actuales hay un incremento tanto de la obesidad como de la sarcopenia, y peor aun, de la llamada obesidad sarcopénica.
Resulta necesario comprender que para que se reduzca grasa corporal el ejercicio debe cumplir con niveles de exigencia que garanticen modificaciones en la intimidad muscular. En este punto, es la “demostración” al músculo de la necesidad de un sistema metabólico oxidativo más eficaz quien dispara dichos cambios, el que involucra tanto a organelas como a proteínas, justamente lo que está seriamente afectado en estas poblaciones. Esto es, si se necesita incrementar el tamaño y el número de mitocondrias así como las enzimas involucradas en el metabolismo aeróbico, un reclamo energético sensiblemente aumentado será el disparador de los mecanismos que accionen sobre la biogénesis mitocondrial. En este punto y tan solo como un ejemplo, la caminata no manifiesta dicha necesidad debido a la pobre exigencia que ella acaba por representar. Porque para que las mitocondrias crezcan y se multipliquen deben accionar en forma conjunta tanto un nivel de intensidad en el esfuerzo como una duración suficiente. Y aquí se ve como improbable que ambas variables puedan ser aplicadas en un entrenamiento de quien es sedentario y/o padece obesidad. Es por ello que proponer formas aeróbicas de esfuerzos en la procura de ciertos cambios musculares, solo se muestra como adecuado cuando son aplicados en quienes están aptos para recibir ese modelo de ejercitación. No es el caso de los obesos ni de los diabéticos, como veremos seguidamente.
Para poder comprender los límites que existen en los portadores de estas problemáticas, cabe en primera instancia la necesidad de distinguir entre a) ser una “persona activa” o b) tener suficiente “condición física” que favorezca una adecuada salud metabólica. Y aquí son los tipos de entrenamiento quienes diferencian los niveles de exigencia y con ello las potenciales adaptaciones.
No caben dudas que a la hora de indicar “más movimiento” a las personas que padecen diabetes tipo 2 (DBT2), los médicos prescriben actividad física aeróbica. Al respecto mucho ya me he explayado sobre lo incorrecto de ello. Un aporte interesante que Huebschmann hace sobre esto es dando evidencia de que ese tipo de ejercitaciones son percibidas como muy exigentes por los sujetos que padecen dicha patología, y lo son respecto de lo que lo consideran los individuos no diabéticos. Es de destacarse que esta percepción se observa incluso luego de ajustar la intensidad relativa del esfuerzo entre los sujetos evaluados (Huebschmann AG, et al. Women with type 2 diabetes perceive harder effort during exercise than nondiabetic women. Appl Physiol Nutr Metab. 2009). Para considerar es que esto conduce al abandono o al menos a una adherencia débil al ejercicio. Relativamente a esto y buscando las razones fisiológicas de esta percepción subjetiva de gran exigencia, varios estudios han documentado que las personas con DBT2 tienen una menor perfusión de sangre al músculo (Bauer TA, Reusch JE, Levi M, Regensteiner JG. Skeletal muscle deoxygenation after the onset of moderate exercise suggests slowed microvascular blood flow kinetics in type 2 diabetes. Diabetes Care. 2007) así como una desaceleración en el metabolismo oxidativo (Geary K, et al. Targeting mitochondria to restore failed adaptation to exercise in diabetes. Biochem Soc Trans. 2014). Y todo parece indicar, tal y como lo refiere Nadeau, que la problemática le alcanza también a los adolescentes diabéticos, quienes muestran un empeoramiento de sus respuestas al ejercicio aeróbico (Nadeau KJ, et al. Insulin resistance in adolescents with type 2 diabetes is associated with impaired exercise capacity. J Clin Endocrinol Metab. 2009).
Casi como una frutilla del postre para poner más en cuestión estas formas de ejercitación como propuesta principal a las personas que padecen DBT2, Ghanassia y colegas han aportado un dato de enorme relevancia. Ellos demostraron que estas personas presentan una disminución en la oxidación de lípidos, dando mayor preferencia a la utilización de carbohidratos (CHO) durante el ejercicio aeróbico, lo que se constituye en un uso ineficiente de sustratos. (Ghanassia E, et al. Substrate oxidation during exercise: type 2 diabetes is associated with a decrease in lipid oxidation and an earlier shift towards carbohydrate utilization. Diabetes Metab. 2006). Como sabemos la utilización privilegiada de glucógeno muscular en los desentrenados es pronosticador de fatiga temprana y por ello de una capacidad limitada de ejercicio en la unidad de tiempo, una de las variables imprescindibles de poder controlarse para lograr cambios en el metabolismo oxidativo en la intimidad fibrilar. Esto es problemático, porque lo que se espera es un incremento en la oxidación de grasas para disminuirlas, especialmente las intramusculares que son las que generan la llamada lipotoxicidad y tienen una responsabilidad casi lineal con la diabetes.
En virtud a lo anterior, da la sensación que insistir en lo aeróbico se parece más a una obstinación profesional que a un accionar científico, como se podría esperar de un profesional de la salud. Porque proponer como ejercitación aquello que en estas personas ha mostrado respuestas no esperadas ni deseadas, si no es terquedad es ignorancia y en el ambiente médico esto tiene nombre y apellido: mala praxis.
Para reflexionar…
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